Escribo esta reflexión desde el trapiche dedicada a mi Mamá, que murió un 14 de Agosto, hace ya casi una década, vísperas de esta fecha tan especial que celebramos los costarricenses, el día de la madre. Mi mamá, Doña Emilce como le decían en mi barrio era una campesina muy tica. Cocinaba la mitad del día, desde las 5 de la mañana la recuerdo frente a su cocina de leña, calentando el aguadulce, preparando el gallo pinto y el almuerzo de mi papá, que salía 10 minutos para las 6 am a la finca, dónde se ganaba su salario como peón agrícola. Uno a uno nos íbamos levantándonos todos los hermanos y hermanas, que encontramos las tortillas, siempre acompañadas con queso tierno o un huevo frito o pateado, según a cada uno nos consentía. Leche con cacao, café con leche y aguadulce. Mi madre fue una verdadera autodidacta, como muchas de las mujeres ticas de su tiempo, la hija mayor solo fue a la Escuela para aprender a leer y escribir y aprender los números, como le decían antes a las operacion...
Una mirada positiva y reflexiva de la Costa Rica del Siglo XXI.